El hombre que creía tener la Luna.
Las noches se estaban prolongando demasiado. Estaba cansado de no tener cansancio. Los ojos, sin parpados, lloraban a mares por el escozor de permanecer tanto tiempo despiertos, fijos en un solo punto, cerrarlos se había convertido para él en un recuerdo, recuerdo de un pasado que no se dio a conocer en su día como presente, ni se dibujó como esperanza de futuro.
-“¡Como dormir!”si desde su ventana son tan bonitas las noches” exclamaban todos.
Los rayos de Luna lo perturbaban cada vez que creía conciliar un segundo de paz, se colaban por su ventana entre los ramajes de la vieja higuera, proyectando miles de sombras.
Recordaba que en un tiempo el astro del poeta fue suyo, un contrato en papel con voz de mujer le recordaba que lo tuvo en su poder.
En las noches de Luna llena llamaba a su ventana un gato, él con toda naturalidad abría la ventana y lo dejaba pasar, el gato, con aires de haber sido hombre en algún tiempo y renunciando a ello inteligentemente, se posaba en la silla de su escritorio, lo miraba y le preguntaba religiosamente todas las noches“¿La quieres?”, él nunca sabía que contestar, aún la creía suya.
Una noche de Luna llena los rayos de luz adquirieron un color diferente, la habitación se iluminó en sombras que parecían moverse con el viento, parecían susurrarle al oído una respuesta, y comprendió.
Esperó toda la noche al gato, miraba desde su ventana todos los tejados, pero el no apareció.
Una eternidad de Lunas después, fumaba más y no por vicio, se pasaba horas escribiendo en miles de folios la ansiada respuesta para no olvidarla jamás, creyó escuchar algo en el tejado, abrió apresuradamente la ventana esperando encontrar de nuevo la pregunta, y al fondo en el tejado solo había oscuridad, eso, solo eso, y nada más.
La luz de luna se abrió paso entre las nubes y él corrió al tejado, se sentó con las rodillas clavadas en el suelo y los pies hacia atrás, las manos apoyadas en el suelo, y el cuello erguido, con la mirada fija en la luna, dispuesto a contestar la pregunta, pero solo pudo aullar.
Al mirar a su habitación la ventana estaba cerrada.
Un contrato en papel con voz de nadie le susurraba a la Luna que lo tenía en su poder.
celes dijo
necio, aquí tienes a una gris
http://www.lacoctelera.com/saramanda/post/2006/01/27/dia-gris
27 Enero 2006 | 09:56 PM